5 ene 2010

Relato N. 3

Bostezó con rudeza, con una violencia perezosa. Paladeó un par de veces mientras se incorporaba, aún en la cama. Qué asco, pensó. Todavía tenía el sabor del kebab bajo la lengua, incrustado en la nariz. Incluso en el pelo. Se apartó de los ojos un mechón mugriento con un soplido. El mechón volvió a su sitio como presa del efecto boomerang. Lo atrapó con la lengua y chupó los restos de una salsa blanquinosa. Qué asco. Reprimió una arcada y el sabor del kebab se mezcló con el del vómito.
Hurgó con la uña entre los dientes y al fin detectó la molestia. Lo sujetó entre el índice y el pulgar y lo situó a la altura de la nariz. Un pelo púbico. Largo, rizado y negro. De ella. Entonces recordó y se dio la vuelta, palpando las sábanas todavía en la semioscuridad. No estaba allí, claro, se había ido. Al mover la almohada subió un tufillo a sudor azucarado. El recuerdo del kebab se volvió menos desagradable. Entonces vio una nota. Su letra femenina, ligeramente emborronada, sobre un irregular pedazo de papel. Sonrió incluso antes de leerla: Feliz Navidad.