10 nov 2009

Relato II

Último deseo

I

Mi psiquiatra, viejo cabrón, yo sé que me espía por las noches, ay Federica, qué no te metas tanto en la sombra que no se te ve nada, vale, vale, no lo volveré a hacer pero si me das anfetas, pero anfetaminas para qué, acaso no sabes que no sirve para salir a la luz, no sé para que sirve, ni me importa, solo quiero un poco de anfetaminas viejo cabrón, Federica mi nombre es Eugenio, recuérdalo E-u-g-e-n-i-o, aahh Eugenio, como el gato que tenía la vecina, ese que maté a punta de golosinas, primero lo golpeé tan fuerte que no podía moverse, miaaaaauuu miaauuuuu y luego comencé a darle de comer magdalenas que era lo único que había en casa y después robé unos dulces en la tienda y se los empecé a embutir, uno tras otro, yo sabía que al gato le gustaban los dulces pero que odiaba la noche, maldito gato si la noche es preciosa viejo cabrón. A mi la noche me incita a salir, Federicaaaa, te esperan los lobos en el booooosque, no, esa es Caperucita, vale vale, le diremos a los lobos. La noche me exhorta y mi habitación me aburre, pues la otra, la del espejo, toda despeinada y sin maquillaje, me mira, ella está muy mal, por Dios que la compadezco, tiene cara de haber matados más gatos que yo, por eso me mira con cara de gato o de conejo o que sé yo. La del espejo y yo tenemos un problema: resulta que todos dicen que ella es igual a mi o que yo soy igual a ella pero yo sé quién soy, yo sé que la chica demacrada y malacarosa del espejo tiene también mi nombre pero cuantas federicas no habrá en el mundo eehh? Además las asesinas de gatos no son muy comunes, bueno, en otros países no son exactamente asesinas, simplemente las llaman carniceras, (Federica, la carnicera, trabajando en China o en Japón) y tampoco suelen aparecer en los espejos ¿o si? Pensándolo bien, creo que ella está obsesionada conmigo, debe ser una espía que ha enviado el viejo, pero no una espía de esas tipo espías alemanes o rusos, no ella no busca información para incriminarme, o para saber en donde me esconden porque ya lo sabe, ella está ahí para acechar mi consciencia, mi lucidez, ella ha sido enviada por el viejo ese, cabrón, para asegurarse de que esté tranquila en este cuarto, de que siga atada a las correas y a los somníferos y de que no vaya a escapar de mi misma, mmm pero no sabe que ya lo he planeado, no sabe que me voy a desdoblar, mierda eso suena doloroso, mejor huiré, no vaya a ser que por las noches la Federica carnicera se dedique también a perseguirme.

Entonces cuando el viejo cabrón este que tanto me mira…yo no me lo imagino cuando joven estudiando en la universidad, tal vez soñando con curar a los enfermos jeje pero si los enfermos no existen viejo…cabrón, el enfermo eres tú, y a veces soy yo, cuando no estoy durmiendo me hago la enferma o salgo a caminar tras de la luna. Pero bueno el viejo enfermo ese del manicomio, al que yo espiaba seguramente no había estudiado mucho, solo había seguido los sabios consejos de su padre, Eugenio, Eugenio, recuerda que la profesión de la abogacía no sólo ha sido desde tiempos inmemoriales uno de los oficios de la familia sino que además es un trabajo de entre los más prestigiosos, pero papá si a mi me la suda el derecho, el derecho que lo busquen los pobres, yo lo que quiero es ser médico, médico! pero si los médicos ganan una mierda y cada semestre me costaría un ojo de la cara, además en los bufetes no solo conseguirás prestigio sino además con tu apellido, mi reconocimiento y nuestra riqueza podrás follarte a todas las compañeras de trabajo que se te pasen por los ojos, eso sí, sin dejar rastro, señor Eugenio, usted no va a ser abogado, los abogados solo juegan, son hábiles como futbolistas o como malabaristas pero no sirven para nada más, tú no te metas niñata loca que esto no es contigo, aahh otro viejo, pero este verde, un viejo verde de tanto vómito acumulado y no expulsado, mejor ni me lo presentes viejo cabrón, prefiero uno cabrón que uno verde. Y bueno el viejo verde o cabrón que dormía haciendo paseos con los gatos me miraba como pidiendo auxilio, Federica, llévame a la luz, pero coño que yo no soy Jesucristo; me pedía auxilio por las noches con la puerta entreabierta y los ojos cerrados o los ojos entreabiertos y la puerta cerrada…no lo sé, bueno el caso es que yo salía a pasear con el viejo y los gatos y yo seguía a la luna pero no la seguía completa porque como la iba a seguir toda si estaba partida, si a Dios le gustaba pegarle mordiscos a la luna y bueno, quien soy yo para decirle a Dios que es lo que tiene que hacer...se supone que es él quien nos dice lo que debemos hacer ¿no? Pero yo nunca lo he visto, ni he hablado con él, aunque el viejo cabrón me dice que está en todas partes…otro espía, seguro. Llegar a la luna no era una misión fácil pues no conocía yo a nadie que hubiera llegado a ella, bueno a los astronautas pero no estaban dentro de mi círculo de amigos y tampoco me parecían de fiar, uno no entrena para llegar a la luna, una llega y ya está, es como follar, una no entrena pa’ follar, una folla y ya está.

II

Un día he de volver salir y llegaré al fondo de la luna, como cuando los hombres cavan los túneles para llegar al fondo de la tierra, así mismo yo seré la primera mujer en llegar al fondo de la luna con un gato en mano y un viejo al hombro, y en vez de sacarle las entrañas a la tierra poco a poco yo se las sacaré a la luna de tajo, zuas, sin esperar que los otros ayuden, porque el trabajo de muchas manos es trabajo en vano, yo no esperaré más que la noche para ir al fondo del asunto, para encontrar los misterios de Eugenio y así entender porque me espía pero primero porque estoy en ese sitio donde Eugenio, el hijo del viejo cabrón verde, me mira como a un ratón antes de una prueba de laboratorio, un ratoncito de esos que solo quiere romper tuberías y producir gritos de hombres y mujeres por igual, pero al que tratan como a un pavo antes de noche vieja: lo atiborran de comida a todas horas, y le siguen pasando más y más merienda, coño, qué bien comen los pavos esos jodidos!!! para después hacer con él lo que hacen con los indiesitos en América: matarlos, para ver la forma más adecuada de morir; pero no me quedaré yo en la investigación de Eugenio y sus ratoncitos también escarbaré en las entrañas de la luna para encontrar alguno de los dientes que seguramente Dios había perdido al morder la luna, porque no nos digamos mentiras Dios ya está viejo, seguramente se le caen los dientes y ha de necesitar su buena dosis de viagra si quiere seguir siendo reconocido como El Señor; finalmente descubriré no solo a la Federica del espejo de mi habitación sino también a la que aparece en los baños, las facciones de federicas que aparecen en el suelo, en los espejos rotos del patio, es como si ella o ellas se deshicieran de sus partes para intentar despistarme…saben que en cualquier momento las mataré y saben que empezaré por ellas y acabaré con Dios.

III

Pero aunque he intentado sobornar al guardia prometiéndole un polvo que jamás olvidaría, creo que me retienen por haber cumplido los deseos de mamá, por haber amado a Laura, por haber acabado con el sol y querer encontrar el centro de la luna en una noche regada de deleite.

Esa noche, como yo siempre había sido una niña mala, según papá, y Laura me decía que era buena, que siguiera así, pues yo le hice caso a ella y salí a buscar prestadas las herramientas que nos faltaban al gato y a mí para la labor. Llevaba en mis bolsillos un frasco de estricnina que había prometido a una amiga de Laura a cambio de un poco de pólvora negra, porque a mi me gustan los negros y las negras y además me habían recomendado muy bien a esta vieja amiga a quién conocía desde hace tiempos cuando vivía con Laura. Ella es tan hermosa, tiene los ojos saltones como dos pezones que estallan en una caricia, como un chorro de semen eyaculado desde las profundidades del infierno; sus manos estaban hechas para tocar, para explorar, para ejecutar los ritos paganos de los que habíamos sido creadoras una noche de penumbra mientras nuestras caderas reñían y reían inconstantes al ritmo del fuego que se encendía en la chimenea, Laura parecía la profeta de una nueva religión, su pelo rojo era el signo de que el fuego que ardía en nuestras miradas no era el simple producto de reacciones químicas o de ambiciones apaciguadas y recalcitrantes, sino que estábamos destinadas a sustituir al sol por la luna en una noche en la que Dios rogaría no habernos creado, ni haberlo creado.

La encontré en la estación, esperándome. Mi boca evitó la suya pues sabíamos que al juntarse nuestros labios no repararíamos en hacer el amor ahí mismo. Me dio a la negra, ay caray, como gozaré yo esta noche con la negra, vamos a encender al astro rey, bailaremos con lobos mientras las entrañas van cayendo como pepitas de oro y se van esparciendo por la tierra, por el mar. Me despedí de Laura y le prometí esperarla allí, pero ella me miró con los ojos llenos de lágrimas y se llevó el pequeño frasco como si guardara en él las palabras que no me quiso decir. Yo tenía la mente fija en una sola idea: el cuadro que colgaba en nuestra habitación donde se veía a la luna, vestida de cuero rojo y con los labios negros asesinando a un sol que comenzaba a apagarse, a un sol y cuyos rayos parecían penes que se iban deformando y transformando en cruces, en esvásticas, en puños débiles y serviles. Aunque recordaba vagamente la dirección y no quería saberla tampoco, logré llegar a la casa y entre tanta gente desconocida me escabullí vestida de loca, jejeje, y esperé en su habitación hasta que llegara. Ya había preparado la orgía de colores que pronto traspasaría esta habitación y me imaginé vestida de cuero rojo, con una bella daga con forma de gato en mi mano y dispuesta a colonizar el sol, a conquistar el infierno y adueñarme del fuego, como lo habíamos hecho Laura y yo. Esperé en el baño de la habitación, sabía que subiría a traer más regalos, y cuando entró lo miré desde la bañera sin que se percatara de mi presencia y poco a poco fui saliendo de la sombra, hasta que, sintiendo una respiración en la nuca, se dio la vuelta y me miró aterrado. Le dije: si Enrique, soy yo. Han pasado muchos años desde que me largué y he tenido el tiempo suficiente para amar y crear con tranquilidad. Hoy no he venido a recriminarte lo que me hiciste, ni a decirte que te podría odiar con mi alma y todo mi cuerpo; hoy he venido a traerte un regalo, por todo lo que hiciste por mí. Pensarás que he sido una ingrata pero no es así; solo necesitaba tiempo para pensar las cosas, para aclarar mis ideas. Cuando los dejé a los dos, mamá se puso muy triste y no dejaba de llamarme y buscarme, parecía enloquecida por mi ausencia, como si al irme yo se estuviese yendo la tranquilidad que tan mal habíamos fingido. No supe que día murió ni acudí al entierro, y aunque contacté con muchos de sus amigos, nadie supo darme explicación de la forma en que había muerto. Aunque no estuve presente, sabes que estaba allí. Ahora quiero dejarte un regalo que significa mi perdón y representa el recuerdo de mamá, a quien llevaré siempre conmigo. Lo he dejado en tú cama, sí, es ese que ves allí, me gustaría que lo abrieras en privado, cuando tus amigos se hallan ido. En ese momento, me despedí, le dije que tal vez nos volveríamos a ver, aunque estaba segura de que no sería así. La luna había dejado el puñal en la cama. La luna brillaba fulgurante en su vestido rojo mientras descendía las escaleras del infierno, que se travestía de casa llena de personas hurañas, que se amistaban con el sol. Todos me miraban como a aquel ratón del laboratorio, todos se preguntaban por qué estaba allí. Tras de mí dejé la casa y empecé a correr:10…9…8…7…6…5…4…3…2…uuunoo…me di la vuelta y todos mis federicas se arremolinaron en mi cabeza, explota, sueña, ama, crea, folla, sufre, pero ante todo: véngate! Después del estallido del sol, los pedazos comenzaron a caer como pepitas, si que bellas, recógelas Federica, conseguirás un recuerdo inolvidable, coño pero si están hirviendo, es normal, después de la eclosión no podía esperar encontrarme un remanso de frío en sus cuerpos. Tomé la dirección Este y comencé a santificar los restos de mi padre en forma de maldición: no he tenido que violarte irrepetibles noches para que estallaras por dentro viejo cabrón, no has tenido que llorar mil golpes y hematomas que escanciabas a nuestros aciagos días, no he tenido que ver como asesinabas a Mamá y la familia te encubría so pena de perder los beneficios económicos que les prodigabas, te he regalado la más digna muerte que alguien te podría haber deseado y he cumplido esta noche la última voluntad de mamá: Federica, sé feliz.

3 comentarios:

Belleteyn dijo...

estimado señor camilardo:
no sé si era tu intención, pero no he podido parar de reírme mientras leía la priemra parte de tu relato. bien conseguido, a mi humilde parecer, el efecto de confusión mental y desajuste, en el que uno no sabe qué está pasando pero disfruta del absurdo.
lo que no me ha gustado tanto es la resolución. rompe el encanto del relato. quizá hayas elegido un tema algo manido, hay demasiado contraste entre el desbarajuste inicial y la argumentación final. quizá la "venganza" sea demasiado explícita. resultaba más agradable como lectora el desconcierto que la racionalidad. casi preferiría que lo cortases a mitad y que cada uno construyese un desenlace mental con el material proporcionado.
me callo ya, por si te enfadas y porque está pareciendo que no lo he disfrutado.
eso sí, ahora me da un poco de miedo dirigirte la palabra...

Sr. H.M. dijo...

Concuerdo con Clara.

Las dos primeras partes son formidables, en ambas hay algo así como un encanto narrativo que hace que no se necesite de una solución de ese estilo. El final tiene destellos pero no termina de convencerme, hace caer al resto del texto.

Aun así, me place, que diría Alvar Ffáñez.

Traidor dijo...

Pues chicos, la verdad es que sí. La primera parte del relato fluyó de una forma maravillosa, practicamente salió de mis manos sin pensarlo pero el final fue forzado, tenía que terminar el cuento para el dichoso plazo este y bueno...ya se ve lo que pasó. De todos modos me alegra que les halla gustado la primera parte, tiene la irracionalidad que le falta al final.