24 mar 2010
Sobre los límites de la coherencia
Fuera o no por las circunstancias históricas, en aquellos años se recuperó la moda del arte utilitario. La cosa había nacido, en un principio, promovida por la élite intelectual de los bajos fondos, el nuevo “proletariado artístico”, como ellos mismos tenían a bien autoproclamarse. Los vagabundos pasaron a llamarse “poetas de callejón” y se convirtieron, por algún mecanismo inverosímil, en el estandarte de la estética neo-utilitaria, que ya por entonces se había fusionado con el decadentismo simbolista, aunque nadie sabía muy bien qué significaba realmente todo aquello. El foco se localizó en la Universidad del Jardín y sus alrededores. Durante aquellas primeras semanas, los estudiantes jardinitas sustituyeron las aulas por el arrabal y allí, junto a los habitantes de las aceras, comenzaron a forjar la ilusión de una nueva filosofía. Aparcados los libros, escribían sobre cartón toda clase de epigramas rimados que eran por la noche exhibidos en las avenidas más transitadas. Si uno hubiera paseado en aquel mes de marzo por el Bulevar San Patricio, se habría tropezado con docenas de jóvenes sintecho y sus rudimentarias pancartas literarias. Después vino el episodio del saqueo, cuando se llevaron los cuadros y los vendieron en subastas callejeras. En los periódicos se habló de la “desacralización del arte por la fuerza”. La intervención del gobierno resultó tardía e ineficaz, el movimiento se les fue de las manos y, sin embargo, este se disolvió no mucho después. Lo que sucedió fue que la nueva filosofía se entendió mal, si es que alguna vez había llegado a entenderse, y los magnates aprovecharon la agitación. Los grandes accionistas de las galerías de arte consiguieron adquirir, a precio de saldo, las más prestigiosas obras. Por su parte, los publicistas de cadenas de ropa vieron en todo ello una oportunidad de inversión y pactaron con cadenas de ropa y centros comerciales la venta al por mayor de vestuario acorde con la estética callejera. Se comercializaron botas agujereadas, gabardinas desfasadas de grandes bolsillos, sombreros de papel, guantes sin dedos y otras prendas del atuendo vagabundo. Los epigramas originales fueron transformados por las multinacionales en consignas juveniles y se estamparon en toda una serie de chapas, camisetas de manga corta y pósters con que todo buen adolescente empapelaba su habitación. La demanda de cartón alcanzó cotas desmesuradas y su valor se triplicó en bolsa, de forma que las papelerías locales recibían cada día camiones con remesas de cartón. Tan pronto como la estética literaria arraigó como fenómeno social, su fuerza se diluyó. La Universidad recuperó a sus antiguos estudiantes. Ricardo el vagabundo volvió a su banco y a sus palomas. Alguien, un sábado, lloró la ausencia de aquel cuadro que contemplaba cada sábado en el Museo, (pero un sábado más tarde ya había olvidado su color y su textura.) Solo quedó, de aquella moda del arte utilitario, una llama escuálida y azul en el reverso de una retina. Una llama que se apagó en un vaso de paracetamol efervescente.
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4 comentarios:
he colgado esto por revitalizar nuestro humilde espacio literario. no os paséis con la mordacidad de las críticas (snif) porque el texto fue producto de un arrebato psicótico-compulsivo y jamás lo he vuelto a revisar [nota: pronunciar "jamás" al estilo de joaquín reyes]
Me gusta el texto, refleja lo que sucede hoy en día, me recuerda muchísimo a Roland Barthes, El grado cero de la escritura, cómo el sistema devora al antisistema y lo convierte en parte de sí.
Ahora te machaco jeje: me parece que a veces la acción es demasiado rápida, no da tiempo a conservar las imágenes de la "degradación exaltada" cuando de pronto ya estamos de nuevo metidos en el sistema; tal vez eso produzca el efecto de la contradicción, pero siente que fue algo tan pasajero se (a lo mejor querías dar a entender eso?) No hay mas machaque.
Psdt: hubiera sido chévere, oigase bien, CHÉVERE, que el vagabundo hubiese acabado usando algún traje de Channel o de Hugo Boss, así bien elegante y todo coqueto jejeje habría sido la "puntada final" (según yo). Gut gemacht Frau Monzó.
Desde luego que no traidor! Era demasiado típico. La niña (óigase bien la ironía, LA NIÑA) desprende fluidez en sus arrebatos literarios.
¡Que el blog resucite!
la niña opina que no hubiera quedado nada chévere lo del tal vagabundo. acepto gratamente lo de la acción, seguramente le hubiera venido bien ralentizar el ritmo , claro que aún le hubiera venido mejor destruir el texto y jamás sacarlo a la luz. como ya es tarde para tales actos, después de releerlo coincido en que no da tiempo a conservar las imágenes y que estoy saturando al lector con frases y frases que deberían estar mejor cohesionadas. gran cumplido lo de la fluidez, señor Belanov, pero quizá mi arrebato hubiera tenido mejor resultado de habersido contenido por los lazos de la racionalidad. lo suyo sería revisarlo,pero cuanto más tiempo pasa peor me parece. a mi favor debo decir que tampoco quería colgar un texto que sobrepasara una página tradicional de word, no nos vendría mal economizar el espacio. de todas formas, no creo que valga la pena buscarle un significado social al relato (si es que puede llamarse así, puesto que efectivamente no es más que eso, un acceso de locura transitora.
pd. me apunto lo de "bien elegante y todo coqueto". sublime.
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